Polvo en el trigo, arena en las arenas
el tiempo, el agua errante, el viento vago
nos llevó como grano navegante.
Pudimos no encontrarnos en el tiempo.
Soneto XCII, Pablo Neruda
Estos mapas se recorren con la cabeza gacha, con la frente caída; no nos queda nada de esos delirios de grandeza que nos sostenían antes. Mejor seamos monstruitos recolectores: seres peluditos y ávidos, con caparazones corrugados, ojitos retraídos, espaldas torcidas. Seamos un catálogo de historias de terror. Se trata de ajustarse, de deslizarse en este mapa como a través de un campo minado, con los vértices marcados por los frutos y el color que no se ve. Encastrar el campo con el mapa, con el dibujo imaginario que organiza cada fruto. Los monstruitos organizamos las naranjas como más nos plazca en el momento, somos distribuidores del espacio: repartimos y dividimos y concedemos y nos peleamos con los dientes. El jugo fresco de zona sur, los brazos firmes del invasor; trazamos un mapa compartido para achatar la viña y hacerla crecer con prolijidad. Las manos que recogen las naranjas desarman el mapa de la noche, el mapa apagado al unísono, el mapa cubierto por una brisa de semillas. Construimos el mapa para romperlo de una mordida. El mapa nos ensucia, nos metaliza, nos devuelve a los pantanos de monstruitos en cavernas.
Un río de naranjas limpia, con su caudal, los restos de aquella cadencia tan tuya.
Las frutas, con el tiempo, estallan como eclipses. Las sombras te ocultan del gran explorador.
jueves, septiembre 21, 2006
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1 comentario:
Qué lindo fue navegar por ese río. Brindo con un vaso de jugo de naranjas para que compartamos muchos mapas más.
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