domingo, septiembre 03, 2006

Notas Teatro 10 (o Pastel y Fogata)

Y entonces yo saldría vestida con una pollera de bambula y gritaría “¡oh, es un hermoso día!”, y ahí nomás los pájaros se pondrían a cantar, y yo te llamaría para que los escuches. Pero no los nombraría de ese modo, más bien yo diría “pajarillos”, y comeríamos pasteles de membrillo que yo sacaría de una cesta colorada. Después de comer, indefectiblemente, una pícara liebre nos robaría las frutas que cuidadosamente yo habría recogido de los extensos campos. Perseguiríamos a la liebre hasta no dar más, y estallar en risas que llenarían el aire de jolgorio. Qué tibia estaría la casa a la hora de encender la chimenea, qué ancha y franca se vería tu espalda mientras acarrea la leña. Yo bailaría alrededor tuyo, risueña. Mientras, tú me reprenderías con ternura: “basta, chiquilla, deja ya de hacer jaleo”. Qué verdes, qué tremendamente verdes serían los pastos y cuántos perros tendríamos. Les pondríamos nombres a todos, y lloraríamos abrazados, pero con un dejo de esperanza, el día en que nuestro predilecto, “Héroe”, muriera. Lo enterraríamos entonces en un sencillo y sentido ritual fúnebre. Uno de nuestros innumerables hijos preguntaría por él, y nosotros diríamos: “ha viajado, ha viajado a las estrellas...”. Cuánta calidez tendría mi rostro visto bajo la luz del atardecer, cuánto empeño pondríamos en resolver nuestros pequeños conflictos hogareños, cuánto diríamos la palabra “hogar”, qué enormes cantidades de jalea de frutillas almacenaríamos en la despensa, qué extensa variedad de delantales tendría yo, qué recio y dulce al mismo tiempo serías tú...Pero qué celeste está el cielo hoy, cuántas margaritas brotan por el valle... qué ganas de hornear galletas que me están dando... Ay, pero qué ganas, cuántas ganas tendríamos siempre de correr y hornear... Ya que estamos, dejáme nomás, que horneo tres docenitas o cuatro, y te sigo charlando.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy llegando a un pispeamiento de revelacion: realmente te gustaria tener un vestidito a la cintura y usar la nueva batidora con cinco velocidades, mientras esperas a tu engominado. O el equivalente en otras epocas. No es despreciable, nada es despreciable.
Apuesto al domingo, menos porque no voy a estar en estereo (no esta el mio blondo hermano). Besos!

Magdalena dijo...

Sobre la batidora no tengo tantos deseos; ahora sí, el vestidito a la cintura me cabe completamente...

¿Engominados? no... equivalentes. Equivalentes lejanísimos.