- Usted ha sido arrestado por el poder que nos confiere la Ley contra Vagos y Malentretenidos.
- Uy.
En esos precisos momentos, otro comisario ingresa en la comisaría y pisa una cáscara de banana. Primero resbala despacio, se debate entre apostar a caer con las manos o con las caderas; después ya no se resiste, baila unos pasitos involuntarios de charleston; cae, cae, cae, está cayendo; en el aire sus brazos son hojarasca. La cáscara de banana se aplasta para siempre.
En eso, una línea se dibuja, se dibuja, se dibuja; aparece desde adentro de una ranura que hay entre dos listones de madera que hacen de piso. Se dibuja, es verde agua, se dibuja; primero hay una "P" en el aire, se dibuja claramente una "P" en el aire, después es el turno de la "L", los tres ven formarse a esa "L" como de humo o como de pasta dental, como de témpera, es una "L" de témpera, después viene la "O", y así, y de esa forma. Cuando el signo de exclamación le pone el sombrero al PLOP, ya todos lo vieron caer, ya la cáscara de banana es parte del pasado, ya la palabra se dibujó en el techo de la comisaría y el texto impreso con la Ley se salió volando bajo el impulso del viento; el texto de la Ley que estaba tipeado por la secretaria se salió volando. Todo mal, piensa el comisario, todo mal. Mientras, se frota los costados, se levanta rojizo, sueña con asados y con sillones, sueña despierto sus sueños de placidez mientras los otros lo miran y el esposado se desesposa. Sueña sus sueños secretos mientras se frota y los otros ven la salida del PLOP! por la ventana. En esos tiempos, las palabras venían cada tanto a las personas y se les posaban encima; manía aprendida de las mariposas o de los enamorados. En esos tiempos, bastaba con pisar una cáscara de banana para que el PLOP! se te dibujara todo a través de las espaldas, entre las ventanas; en esos tiempos las palabras venían con una tipografía tipo pasta dental, gordita, suave; espumante como un vino o como una nube. El comisario terminó de frotarse los costados y un poco lloró. No lo vieron, se excusó diciendo que iba tras las hojas de la Ley impresa y tipeada por la secretaria, iba caminando como carreteando y lagrimeaba, hablaba mucho y rápido y con eso desconcertaba. En esos tiempos era difícil desconcertar, las palabras venían y se les hacían tan legibles que a veces temblaban. El capricho era absoluto, ese día llegó PLOP! aunque podría haber venido LEY IMPRESA Y TIPEADA -en el mejor de los casos, porque también podría haber venido CANTANTE, y ahi sí que hubieran pasado largo rato charlando sobre las posibilidades de las palabras para insertarse en las cosas-.
El comisario salió como llorando y como frotando y pensaba, triste; pensaba en qué momento habían hecho ese pantano de algo que había sido un corazón de tierra. Se preguntaba el comisario, se preguntaba. Miraba al cielo, todo escrito. La atmósfera rugía de ganas de ponerse a llover. Un plomo gris se comía al aire. Pensaba el comisario, pensaba: qué colores se habrían juntado, qué colores. Pensaba el comisario; lloraba y pensaba cuál habría sido la inmensa contingencia que había hecho ese pantano de aquel sol esmerilado.
miércoles, agosto 24, 2011
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)


No hay comentarios.:
Publicar un comentario