Mientras la vida (dícese de aquel ovillo de acontecimientos y sensaciones dentro del cual flotamos) se desarrolla afuera, mi cerebro y yo pasamos largas temporadas de cautiverio junto a los libros. “Libros”, qué digo libros, más bien mugrosas fotocopias que chorrean tinta y conocimientos, profundísimas sabidurías y ciencias comprobabilísticas.
De todos modos, estudiar es un poco divertido, y lo afirmo a riesgo de ser golpeada brutalmente a la salida (¿a la salida de qué lugar se darán cita todos los que prometen fajarse?). Me atajo: en gran medida, lo divertido de estudiar está puesto en la periferia del apunte (carajo, qué terminología). Es decir, he comprobado que pasadas cuatro horas de lectura ininterrumpida, el cerebro desconecta la noción de código y de metáfora... “Se trata de combinar los pares de modo de hacerlos corresponder con un criterio lógico, y no espontáneo”: pienso entonces en medias a rayas, a cuadros, con motas, lisas; y pienso también qué gran concepto de moda acaba de desparramar este grisáceo escritor de notas metodológicas, sin darse cuenta el pobre (apuesto mis neuronas restantes a que se viste pésimamente mal). Por otro lado, se sabe bien que los escritores de cuestiones aburridas (en un intento por atrapar nuestra ya muerta pasión científica) suelen incluir ejemplos jocosos (o ligeramente picarescos) dentro de sus argumentaciones. El primer caso se hizo carne en el ejemplo de “operacionalización de conceptos observables”. El autor tuvo la maldita idea de hablar de “alcachofas” (algún tipo de verdura) para explicar el concepto (que, créanme, no les interesaría manejar). Después de semejante inclusión, no tengo miedo, sino terror de, una vez en situación de examen, sólo poder recordar la imagen de alcachofas y más alcachofas que se creó en mi cerebro (que, demás está decir, imaginó el concepto a su manera, pues no ha tenido la dicha de enfrentarse cara a cara con una alcachofa alguna vez).
En fin, de mi tarde de estudio rescato: una ola de alcachofas enmohecidas inundando el cuaderno y algún sabio consejo de moda (que, dicho sea de paso, no podré aplicar en tanto no deje de lado el look invierno- estudiantil: campera, frazada sobre las piernas, bufanda envolviendo el cráneo, apuntes surgiendo de mi, ojeras importantes).
Me lo imagino a este señor escritor sentado en un banquito, con una luz guía siguiéndolo, a manera de stand up comedy, mientras repite: “Hola, mi nombre es Eliseo y me creo muy interesante porque escribo muy difícil y nadie entiende una sola palabra de lo que digo. Oh jo-jo, ¡soy tan intelectual...!”
En fin... vuelvo a mi tarea. Si es que logro despegar la idea de Eliseo bailando sobre un piano, rodeado de alcachofas colgantes, con medias a rayas y un concepto observable que le gira en las pupilas mientras él lo operacionaliza con un bisturí y un par de electro shocks de café negro, gigantesco.
domingo, mayo 28, 2006
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)


6 comentarios:
¡Qué buena idea para un musical! Eliseo bailando sobre un piano, rodeado de alcachofas colgantes, con medias a rayas... La calle Corrientes te espera, Eli!
P.D.: Propongo una cadena de oraciones por el alma de mi fallecida impresora...
plenamente identificada!, me hizo recordar dos cosas: 1)a mi muy aburrida profesora de economia del CBC; que para explicar no sé qué de la producción (como recordarlo? era economía!)tuvo la "jocosa y divertida" idea de hablar de producción de CDs y jeans(?!), lo cual provocó que me pasara el cuatrimestre pensando en qué discos quería comprar y qué corte y color de jean faltaban en mi placard. 2)a un historiador, E. Hobsbawm, que, tal vez anticipándose a las reacciones del lector,nos ahorra trabajo y directamente deja la fantasía explicitada. Ej: empieza el libro "Naciones y nacionalismos" diciendo: "Si un historiador intergaláctico aterrizara hoy en la tierra, él (o ella, o ello, me abstengo de investigar la forma de reproducción de los extraterrestres), se preguntaría...". Les juro que es verdad. Larga vida a Eric, muerte a Verón!.
Nada, solo que.. ¡Sos grosa, sabelo!
Grande, pa!
(?)
coincido... y sobre todo cuando una tiene cosas tan divertidas en las que pensar, creo que jamas voy a leer la palabra alcachofa sin reirme...
tambien coincido con la sra de arriba!...
esta fue mi humilde falta de opinion...
amiga de la de arriba (serás nella, u otra personilla?): se la espera por estos pagos con todo gusto. gracias por sumar votos al movimiento "Sí a los apuntes con Bromas Jocosas"
Yo no sé, porque, a diferencia de usted, no sé lo que es París -ni nunca vi New York-, pero todo esto me hizo pensar si en realidad los Campos Eliseos no serán grandes hectáreas sembradas de alcachofas, y si la actividad agrícola no habrá sido la que le permitió a este terrateniente de la semiótica, dedicarse al entrenamiento de su retórica para después vivir de ella, al esparcirla descoloridamente sobre páginas y páginas de libros y apuntes -aún más teñidos de grises (aunque luego sean flúocoloreados)-, compuestos de hojas de alcachofas y tintas de achicorias, para hacernos comprender un pepino de la semiosis social.
¿Tendrán hojas las alcachofas? ¿Y tinta las achicorias? ¿Y sentido los pepinos, esos pobres eternamente incomprendidos?
Publicar un comentario