Como en una de esas novelas rusas en las que una mujer joven se teje la tarde entera tomando el té con la madre. Miran nevar por la ventana y es un placer, no un terror.
La mujer joven demora la llegada de ese momento asqueante en el que se meterá en la cama con el marido.
El marido con sus manos grandes y torpes intentará tocarla. Tendrá los ojos cerrados, no querrá entrar en las sutilezas del amor. La mujer joven querrá ya estar tejiéndose la tarde de nuevo. Querrá estar sola en la dulzura de su sillón de invierno.
Tendrá fiebre, tomará coraje. La ventana nevada en plantas será toda la poesía que conozca.
martes, mayo 27, 2014
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)


No hay comentarios.:
Publicar un comentario