[Ahora] Sé lo que había de temible al tomar la palabra, puesto que la tomaba en este lugar en que le he escuchado y donde él ya no está para escucharme.
Michel Foucault, "El orden del discurso"
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El microbio que camina no tiene nombre, o tiene varios: ‘microbio- que- camina’, mochila de bacterias, germen del motor. Su caminata lo mantiene vivo, y sin embargo, sin nombre aparente se desliza. Tampoco tiene nombre el modo en que una vez corrí un telón improvisado y te encontré llorando en tu silla. No tiene su nombre específico aquella acción por la cual se descorre un telón improvisado y se te encuentra llorando en tu silla tus fantasmas específicos de específicas noches sin dormir. Sin embargo te nombraba, de unas y otras maneras, te nombraba y te creaba en tu silla, en tu llanto, en mi acción de descorrer los telones. Te nombraba con mi cara, con la forma que adoptaron mis pestañas ese día. Cuando giraste 180 grados nos encontramos, y no tuvo nombre específico la acción de encubrir todo el espanto. Tuvo nombre regular el movimiento, sí, eran veinte brazos como pulpos enredados, tuvo nombre la sonrisa que precedió a la huida. Tu ida fue muy lenta, acaracolada, nos diste tiempo de nombrarlo casi todo. Sin embargo, qué pensó el microbio: nadie lo sabe. Nadie sabe qué pensó el microbio, por un lado, y el microbio pensó: “nadie lo sabe”, por el otro. Intuí los torrentes de tus brazos, por donde circulaba todavía un enorme calor. No existe todavía la palabra que dé nombre a tus torrentes, a levantarse una mañana como tomada por esos torrentes. La memoria, si fue lento, atesora con más fuerza: tengo una memoria de cristales, de redes, de múltiples destellos. Recordé lo que era descorrer ese telón, la acción de avanzar, de abrir la boca, levantar la cabeza, la acción de parpadear. La acción de mirarte con la espalda y ver tu llanto con el hombro. La acción del espanto. La acción que se pierde el microbio, si en su recorrido no hay agujeros.
Pobre microbio: si no se le enredan las patas, nadie lo sabe.
Nombré al microbio por sus partes accesibles. Con tu silla fue lo mismo: fogonazo de luz, pedazo de fuego.
Preferí señalarla con el dedo.
No hay nombre que nombre tus torrentes: cuando llegan, no hay nombre que no sea de agua.
viernes, noviembre 13, 2009
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4 comentarios:
Perdón Michel.
Magui Magui Magui!
Sos una máquina!
Qué bueno volver a leerte, llena de caracoles!
Sí sí, he vuelto a las pistas bloggeras.
Aqui nos veremos, y en el casorio primil! jiji
Besines!
(ahora linkeo mi "cu")
Ahora que lo dijiste, que lo escribiste, que lo moldeaste con las palabras, que lo creaste, que lo constituiste, y se hizo en mi mente o en mis ojos o en mis oídos por leer en voz baja (que no es vos baja; más bajo, yo) esta/s imagen/es, mental-visual(valgalaredundancia)-acústica, entiendo lo que me quisiste decir cuando me leíste ese epígrafe y me dijiste "es terrible".
Y, por favor, no le pidas perdón a Miguelito.
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