Puedo fundir mi yo con el espacio, o no;
o tratar de dar cuenta de lo simultáneo de la experiencia, o no;
o unir al hombre con la naturaleza, y concretar esa unión a través de las palabras simples,
o de las palabras complejas.
Puedo ser testigo o partícipe de mis relatos, puedo centrarme en la palabra como significado, o como sonido, o como extensión, o como dibujo. Puedo tocar un tema o jugar a derruir todos los temas, quedarme con las texturas de la superficie. Puedo hablar de un río latinoamericano o de un puente electrificado. Puedo ser oscura o pura luz. Escribir como si hablara o como si escribiera.
Puedo elegir un personaje, o no; puedo crearlo o dibujarlo o hacerlo latir a través de las páginas. Puedo hacerlo innecesario, pura encarnación de algo que pide otra carne.
Puedo llevar el tiempo para todas sus fronteras y desencajarlo del espacio. O no.
Puedo realizar operaciones con la tinta, con el papel. Puedo condensar mil mundos en pocas palabras, o derretir un mundo en millones de letras.
Puedo eso, todo, puedo todo.
Por eso últimamente no escribo casi nunca…
lunes, abril 27, 2009
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1 comentario:
Cuánto, pero cuánto de MP. "¿De qué MP?", preguntará una MP y otros pensarán que es obvio. Pero cuando escribo "cuánto de MP", me estoy refiriendo a los (el/la) dos más importantes que conozco.
Por suerte podés. Y por suerte está el casi, la penúltima palabra. Y por suerte el cuerpo propio pudo y puso "no escribo casi nunca", y entonces PUEDO pensar si será lo mismo que "escribo casi siempre"; por aquello de "menos por menos más".
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