Como una liebre saltando sobre un ajedrez, o un cometa dentro de la sopa. Así fue el Día en que un Perro entró a un Aula de la Facultad de Sociales, Situada en el Cuarto Piso. Éramos como cuarenta personas en fatal aburrimiento, frente a la perorata de JR. JR es un señor redondo, rosado, de brazos cortos y manotas. Hablaba de la formación de la imagen en una pantalla de cine. O de cometas. Ya ni sé. De pronto, él. ¿Sultán? ¿Bobby? ¿Berilio? Un perro adormecido hizo su ingreso triunfal por el costado de la puerta. Dio un rodeo. Se acostó. Nos miró. Jadeaba, venía de subir cuatro pisos.
JR solo emitió una leve sonrisa.
A mi me perdieron para siempre.El perro sintió sueño, casi más que yo. Por suerte, a él no lo limitaba ningún tipo de súper yo, así que cerró los ojos y durmió en paz. Moscas, sí. Palomas, sí, también. ¿Pero perros? Creo que quise llevarlo a casa, en agradecimiento por recordarme esa maldita mezcla de los despertadores con los amuletos; esa inmensa probabilidad de que empiecen a llover caballos, o de que un trapecista holandés me invite unas copas.
lunes, abril 23, 2007
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2 comentarios:
mm, yo una vez estaba en un aula de la UBA y entró un perro en plena clase. Ahora sospecho que son enviados por el Comando Central cuando las cámaras y los sensores de temperatura indican que la clase decae. En la sala del Comando, donde cuidan mucho el rating minuto-a-minuto, se escucha:
- ¡un perro a la 24!
- ¡una pregunta boluda en la 51!
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