lunes, noviembre 28, 2005

Mapamundi

Una fatality para el orgullo, eso fue cruzar la avenida al grito de “¡disculpen, disculpen!”, mientras el semáforo largaba un rojo como no se ha visto antes. Las valijas vaciaron su contenido: exactamente setenta y tres postales originales de setenta y tres capitales del mundo. Ahí estaba ella, la valija abierta entre los autitos de verdad, un mapa geopolítico desplegado sobre la 9 de Julio.
Dentro del bache, sí, dentro del bache quedó París y su torre ostentosa, prendada a sus faroles. Justo detrás del hombre del Ford Falcon se ubicó Roma, con un coliseo circular, infinito. Las postales sumergidas en gotas de lluvia se impregnaron de ese perfume del asfalto, y ahí estaba Kiev, oliendo a adoquines coloniales. Algunos chicos entusiastas recogieron a Madrid y Ottawa de las entradas de Aguas Argentinas, manoteándose también pedazos del DF., que para ese entonces no era más que retazos de cartulina. Algunas piezas de postales levantaron vuelo, entrando al aula del Normal Nro. 8, donde estudia Catalina, y eso sí, eso sí que fue definitivamente un acontecimiento de antaño: Canberra imperial, reposando sobre el borrador de la maestra, miraba con firmeza la cartulina de Naturales.

Por suerte, logró juntar las postales que todavía estaban en el piso, pero para cuando se reincorporó su semáforo estaba de vuelta en rojo, y eso sí, eso sí que fue una patada, un verdadero cross de derecha a la dignidad, tener que cruzar la avenida al grito de “¡disculpen, disculpen!”, y cargando setenta y tres mentiras en la valija.

1 comentario:

Anónimo dijo...

muy bueno, el mejor